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Los dioses del Hogar.

 

En el mundo clásico se veneraban como Lares (del latino lar, “hogar”; y del etrusco lar, “padre”) a los antepasados, cuyos espíritus velaban por la buena marcha de la familia, de la propiedad y las actividades en general.

Los lares familiares se representaban con estatuas de arcilla o cera, llamadas “sigilla” (de signum, “signo”, “efigies”), colocadas en específicos nichos y venerados con una llama encendida.

En la era de Internet, una imagen puede sustanciar el sigillum y verla puede encender la llama.

El nombre “Las Tronas” (en alguerés: “i pulpiti”) deriva de la forma característica de algunos farallones, ahora en gran parte erosionados por el mar.

Surgida alrededor del año 1880 en las ruinas de una antigua torre de avistamiento, por iniciativa de Alessandro, tercer conde de Sant’Elia, la villa estuvo destinada inicialmente como caseta de caza. En 1917 se construyeron muelles y fortalezas finalizados a garantizar la necesaria intimidad a los huéspedes, mientras entre 1918 y 1920 Don Luigi Arborio Mella, cuarto rey conde de Sant’Elia, por deseo de su esposa inglesa Lady Rosamond Marke Wood, realizó una importante reestructuración: el edificio asumió una forma vagamente inspirada en un castillo medieval, según la moda de la época y el rango de la familia. El hermano Alberto se había convertido, mientras tanto, en Maestro de Cámara del papa Pío XI, y habría mantenido el rango también con Pío XII.

La villa se convirtió así en punto de encuentro de la mejor sociedad de la época. Las princesas Romanov y la casa real italiana fueron huéspedes habituales, tanto en verano para los baños de mar como en invierno para la caza.

En 1959 Francesco Arborio Mella, quinto Conde de Sant’Elia, vendió la villa a los cónyuges Leonardo Masia y Giuseppina Fonnesu, quienes la destinaron a hotel y la donaron a sus hijos, Giuseppe, Teresa, Adriana y Battista.

Entre los primeros clientes se encuentran el dramaturgo Samuel Beckett, los actores Virna Lisi, Ugo Tognazzi, Liz Taylor y Richard Burton.


En 1961 la villa se levantó una planta y el Caballero Andrea Trova, esposo de Teresa, la restauró, adquiriendo la forma actual. Mientras tanto, el abogado Nino La Spina, esposo de Adriana, contribuía a la gestión de los aspectos administrativos y a la dirección del hotel.

La atmósfera se connotó así por una peculiar “doble insularidad”: la familia La Spina era de origen siciliano y de sus mansiones sículas proceden numerosos muebles de anticuario presentes en el hotel.